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domingo, 14 de agosto de 2016

El Cementerio Protestante de Cazoña

¿Conoces el Cementerio Protestante de Cazoña o de Santander? Es muy desconocido ya que está entre los altos edificios de ese barrio santanderino. También se le conoce como Cementerio Inglés. Pues hoy hablaremos de él. Voy a contar primero su historia y luego vendrán las fotos.

Cazoña es la Manhattan santanderina. Cinco de los diez edificios más altos de la ciudad están ahí. Alguno de ellos llega hasta el piso número 16. Por eso es tan desconocido el cementerio, porque está muy escondido.

Desde tiempos inmemoriales viven ingleses en Santander y alrededores, pero en el siglo XIX, el número de británicos y protestantes aumentó considerablemente. Por ejemplo, en la Guerra de la Independencia contra los franceses los ingleses nos ayudaron, y muchos de ellos murieron aquí. También vinieron muchos durante las Guerras Carlistas que no volvieron vivos a su país.

Fueron todavía más los que llegaron aquí para colaborar en las obras de las líneas de ferrocarril a mediados de siglo. En la construcción del Ferrocarril de Alar del Rey a Santander, los ingenieros que dirigían los trabajos eran en su mayoría ingleses, ya que allí ya se habían establecido varias líneas y los capataces tenían la experiencia necesaria. Por eso se quiso crear un cementerio protestante en Santander, (se solicitó por primera vez en 1831), ya que muchas familias no tenían dinero para trasladar un cadáver hasta Gran Bretaña. Además, los protestantes no podían ser enterrados en un cementerio católico. Ahora se les puede enterrar en Ciriego, ya que según entras, a la izquierda, está el cementerio civil, donde hay difuntos de todas las religiones e incluso ateos y agnósticos. Debemos tener en cuenta que en Cantabria hay 5.000 protestantes, por lo que es necesario que se les pueda enterrar en Ciriego o en otro cementerio civil.

Precisamente fue un inspector de ferrocarril, Jesse Stroud, el primer "usuario" del nuevo cementerio, siendo enterrado el 9 de abril de 1864. Falleció en Reinosa unos días antes a los 44 años. En ese momento, el novato cementerio era simplemente un prado con una tumba en medio, ya que obviamente no existía ninguno de los edificios actuales. Dos años antes se había adquirido la parcela, que costó, aproximadamente, 3.000 reales. La mitad de esa cantidad fue aportada por el Rey de Prusia, Guillermo I. El resto fue aportado por suscripción popular de creyentes ingleses. El último enterramiento fue el de la francesa Madeleine d'Afne Lorch Racine, una profesora de idiomas jubilada que nació en 1904 y murió algún día de algún mes del 1990 a los 86 años. 26 años sin uso, y contando... También hay españoles en el cementerio, como por ejemplo Aurora Fernández de Campano. De hecho, hay de muchas nacionalidades, por lo que no todos son ingleses. Entre sus muros incluso descansan niños y suicidas. En total, se han enterrado a 128 personas en él.

En 1870, cuando el camposanto ya tenía varios inquilinos, se llevaron a cabo algunas sencillas obras, aunque el muro, la verja y otros elementos se le añadieron en 1912. Desde ese momento poco ha cambiado, (quitando que se le han sumado más tumbas). El muro, en parte cubierto de hiedra, está construido en piedra caliza de las canteras de Escobedo de Camargo y tiene una altura de entre 1,5 y 2 metros y una anchura de medio metro. Este muro mide 33 x 30 metros, por lo que el recinto tiene unos 1.000 m², 180 veces menos que Ciriego.

A finales del siglo XIX, si querías tener una tumba en condiciones en este lugar, tenías que pagar algo más de 310 pesetas, que serían como 1,86 euros. Esto incluía la cuota de enterramiento, que era lo más caro; la placa, la adquisición del terreno y una pequeña parte que iba destinada al cuidador del cementerio.

Hasta 1957 se hacía cargo del camposanto el Consulado Británico. En ese año, su dominio se trasladó al Consulado Noruego, ya que se suprimió en Santander el Inglés. Desde 1976 es responsabilidad del Consulado Alemán. También estaba metido en esto el Consulado de Suecia.

En 1996 casi se le traslada debido al estado en el que se encontraba, (no tenía puerta y el recinto estaba demasiado salvaje). Ahora, de vez en cuando, se le corta la hierba y se le hace algún arreglo.


También en 1996, la asociación ecologista Mortera Verde solicitó que se le protegiera mediante la declaración de Bien Inventariado. Recibió este título en el 2004, ocho años después.

Tal vez se os haya hecho pesada toda esta historia, pero no os preocupéis porque ya vienen las fotos.

La tapia y los árboles del cementerio desde Luis V. de Velasco.
Para llegar, lo más fácil es ir hasta el inicio la calle Luis Vicente de Velasco. Allí, entre los números 4 y 6, hay una cancha de baloncesto. Detrás de esa pista está el cementerio como se aprecia en la foto superior, aunque la puerta no se ve porque queda al otro lado. Otra manera de llegar al lugar es ir hasta el 17 de la avenida Herrera Oria. Entre ese edificio y el número 19 sale un camino que va hasta la entrada al Cementerio Protestante.

La verja.
Si escogemos la primera opción, tendremos que rodear el perímetro del camposanto hasta toparnos con la entrada.

Cartel junto a la puerta del cementerio.
A la derecha de la enrejada (y cerrada con candado) puerta, en la tapia, hay un pequeño cartel en el que se puede leer lo siguiente: Cementerio Protestante Inglés - Año 1864

La verdad es que podía ilustrarnos un poco más. Debería instalarse un cartel que explique la historia de un lugar tan desconocido.

Interior del cementerio.
En la foto anterior se puede ver que está, más o menos, bien cuidado por dentro. A continuación explicaré algunos elementos que podemos ver en el interior.

De las 20 tumbas que hay, (más o menos), la más llamativa es la del centro, ese monolito que tiene cuatro anclas en sus esquinas. Se trata del monumento en homenaje a la Legión de Marinos Británicos, que fue trasladado hasta aquí desde el antiguo cementerio de San Fernando. Bajo él están enterrados en una fosa común los restos de los fallecidos en combate pertenecientes a esta legión. Es este el único vestigio de la estancia en Santander de ese cuerpo en 1835. Fue creada para ayudar a las tropas liberales durante la Primera Guerra Carlista. Sus miembros eran en su mayoría voluntarios pobres, que querían ganar algo de dinero alistándose al ejército. Los primeros voluntarios llegaron a Santander el 30 de julio de dicho año.

Al fondo, en tercer plano, hay una lápida de un color rojizo o rosado. Se trata del sepulcro de Madeleine d'Afne L. Racine, que como ya he dicho es la última persona a la que se enterró en 1990 en este lugar. Está con su madre, Marthe, fallecida en el 62.

Por último, en la tumba central de las tres que están en primer plano, donde está enterrada alguna persona anónima, hay una placa que reza: Jesucristo dice: yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí

Lo más curioso de este recogido lugar es que Matilde Camus le dedicó un libro en 1993. Se titula Prolegómenos del Cementerio Protestante de Santander y su evolución histórica. Mucha de la información mostrada procede de ese libro.

Y aquí lo vamos a dejar por hoy. Dadlo a conocer para que el patrimonio desconocido no se pierda.

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